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Perros, gatos, aves, personas con capacidades diferentes y enfermas pueden sufrir graves perjuicios por el uso de petardos y cohetes.
San Juan es una fiesta muy importante para varias ciudades de España, pero, tal y como se celebra en la actualidad, supone un auténtico calvario para muchos animales. Ha llegado el momento de hacer cambios en nuestras costumbres.
En los animales, el uso de pirotecnia puede generar taquicardia, temblores, falta de aire, náuseas, aturdimiento, pérdida de control, miedo e incluso la muerte.
Los perros y los gatos, que tienen un oído altamente sensible, suelen sentir temor y en caso de huir pueden ser víctimas de accidentes o perderse. Las aves reaccionan frente a los estruendos con taquicardias que pueden provocar su fallecimiento.
Y los animales no humanos no son los únicos que sufren: también lo hacen todos aquellos colectivos especiales, como los menores con autismo, ancianos con Alzheimer, pacientes terminales, personas que sufren de agorafobia y que pueden verse afectadas por ruidos fuertes e imprevistos, sufriendo así temblores y miedo.
Cada vez que tiramos un petardo o un cohete para divertirnos, provocamos sufrimiento a alguien cercano.
Una pirotecnia respetuosa y sin ruido es posible.